Toyota fragmenta su producción entre México y Estados Unidos
El pasado 6 de julio, Toyota anunció una inversión de 3 mil 600 millones de dólares para ampliar su planta en San Antonio, Texas, con el objetivo de comenzar ahí la producción de uno de sus modelos más icónicos: la camioneta Tacoma.
Vale la pena recordar que esta línea automotriz lleva más de dos décadas fabricándose en territorio mexicano, específicamente en las plantas de Tijuana (Baja California) y Guanajuato. Con este anuncio, Toyota pone en marcha un plan de traslado gradual que se extenderá hasta 2030, fragmentando su operación entre Tijuana, Guanajuato y Texas, y respetando —según la compañía— los empleos de más de 2 mil personas colaboradoras en México.
Un anuncio en medio de la tensión comercial
El momento no es casual. Esta decisión llega en un contexto especialmente delicado, con las negociaciones del T-MEC estancadas por parte del gobierno estadounidense.
Recordemos que Estados Unidos ha buscado, por distintas vías, implementar aranceles a los automóviles que no se fabriquen en su territorio, presionando así a las empresas para trasladar operaciones y recuperar mano de obra local: una de las promesas de campaña más repetidas por Donald Trump.
¿Qué dice México al respecto?
Ante este panorama, la presidenta Claudia Sheinbaum informó que se mantienen pláticas con Toyota para conocer a fondo los alcances de esta decisión. La noticia genera cierta incertidumbre para la economía mexicana, un país que se posiciona como uno de los principales ensambladores de automóviles a nivel mundial.
Por otro lado, la mandataria también adelantó que se recibió una inversión de más de 500 millones de dólares por parte de otra empresa automotriz, aunque hasta el momento no reveló de qué compañía se trata.
Nuestra lectura
Este movimiento de Toyota es una señal más de cómo la presión arancelaria está reconfigurando la manufactura automotriz en Norteamérica. La pregunta que queda en el aire es si México, ante la salida gradual de capital estadounidense y japonés, terminará por abrir aún más las puertas a la inversión china para sostener su papel como potencia ensambladora.
Lo cierto es que el futuro del sector dependerá, en gran medida, de cómo se resuelvan —o no— las negociaciones del T-MEC en los próximos meses.
¿Tú qué opinas? ¿México debería diversificar sus alianzas automotrices o apostar todo a fortalecer su relación con Estados Unidos?